“El Arte es la transformación social del sentimiento”

(Lev Vigostsky)

En los últimos años y como parte de las políticas culturales de Chile, conceptos como Gestión Cultural y Mediación Cultural han visto incrementado su circulación sin que exista particular consenso respecto a sus fines o objetivos en nuestro país. La asignación de fondos mediante concursos ya ha generado numerosas controversias por el hecho de que las diversas iniciativas culturales deban asistir a un proceso de examen por parte un comité de expertos que muchas veces desconocen aspectos de localía, comunidad y territorialidad de las propuestas por lo que difícilmente podrían evaluar diligentemente el potencial “impacto” de las iniciativas, sobre todo a nivel regional.

Se ha entendido por Gestión Cultural a la serie de procesos socioculturales en que “agentes” o “mediadores” intervienen o pueden intervenir en la articulación de las políticas o iniciativas culturales de una región o comunidad. La UNESCO (1982) entendió las políticas culturales como un conjunto de prácticas sociales de diferentes sectores de una sociedad en concreto. Uno de los teóricos más relevantes del ámbito, el argentino Néstor García Canclini[1] (1987) afirma desde lectura democrática del concepto, que las políticas culturales son el «conjunto de intervenciones realizadas por el Estado, las instituciones civiles y grupos comunitarios organizados».

Desde esta perspectiva, la Gestión Cultural requiere de que exista una vinculación estrecha entre los agentes, gestores o mediadores y el contexto sociocultural con el que se busca intervenir en conjunto. Los mediadores culturales, en este caso,  debieran contar con herramientas para recoger, conocer y representar, aspectos vinculados a la identidad, la narrativa y el tejido simbólico de las comunidades a fin de que se logre lo que el teórico Nicolás Bourriaud[2] plantea como “formas relacionales” entre arte y entorno o comunidad.

Sin embargo, el trabajo de gestión y mediación cultural, implica el desafio de que tanto el artista como las formas de expresión artística escogidas entren en relación directa con la comunidad, al mismo tiempo que la comunidad entre en relación con las diversas expresiones artísticas que forman parte de una propuesta de intervención. Por dicha razón, como señala Martinell[3],  los gestores o mediadores culturales insertos en la comunidad adaptan su quehacer de acuerdo a las variables espacio/territorio-tiempo/evolución-contexto (próximo y global), representando un factor determinante en la consolidación de la intervención social en un campo concreto.

Para efectuar este acercamiento o acople recíproco entre arte o expresiones de arte y comunidad, se ha propuesto metodológicamente, a modo de ejemplo,  abrir e implementar espacios o mesas de diálogo con la comunidad para vincularnos a aquellos procesos barriales que la misma comunidad ha creado. Desde las prácticas de la psicología organizacional comunitaria, el establecimiento de mapas relacionales y la identificación de liderazgos (formales e informales) permite establecer mejores puntos de anclaje y articulación entre los gestores o mediadores y la comunidad (reuniones de líderes barriales, participación en encuentros deportivos,  en grupos culturales, la Iglesia, familias y personas a título individual o colectivo). Esto implica un saber específico que en ocasiones los artistas o mediadores culturales no han desarrollado metodológicamente del todo y que por lo general se ha levantado desde una praxis en una constante dinámica de ensayo-error directa con las comunidades y sus complejas tramas de significado.

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Segovial / Plaza del Corpus de Segovia

Llegado el momento al mediador cultural y artístico, deberá considerar también aspectos y conocimiento relativos a la expresión humana, la que desde una psicología[4] y una antropología social del arte,  nos recuerda la permanente necesidad y potencial del ser humano de favorecer procesos de sentido y simbolización por medio del quehacer estético. En el trabajo con comunidades, en  particular, aspectos relacionados al sentido de pertenencia, la reapropiación del espacio público, el fortalecimiento de la identidad social, el afianzamiento de redes de apoyo comunitaria se han visto fortalecidas por el trabajo comunitario en torno al arte[5].

Como parte de la metodología que impulse un gestor o mediador cultural, resulta relevante considerar para el logro de dichos objetivos, las distintas formas y soportes  posibles de expresión artística ahondando en sus potenciales para el trabajo comunitario de modo de lograr el mayor despliegue posible de formas expresivas mediante el arte. Aquí surge el mural colectivo, el taller de teatro comunal, el documental multiautor, la huerta comunitaria, el festival de música autogestionado, la escuela de circo para niños como parte de un plan de prevención en drogas, etc. En todas estas instancias al agente, gestor, o mediador, enfrentará el desafío de hacer con la comunidad y no para la comunidad.  Casos emblemáticos en el contexto hispanoamericano de esta relación entre Arte y Comunidad podrían ser la trama simbólica territorial de “Segovial” (Segovia),  ”Crear Vale la Pena” (Buenos Aires), “Disparate Magdalena” (Calí, Colombia), “El Club del Clown” (Managua), “El Coreto” (Buenos Aires), “Fundación Imago” (Bogotá), “Fundación Vida Joven” (Mendoza), “Teatro Esquina Latina” (Calí).

Al respecto, el Programa de Intermediación Cultural del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) se ha planteado como objetivo “contribuir a la promoción, acceso y consumo cultural de la ciudadanía”,  favoreciendo la circulación de bienes y servicios culturales, entregando financiamiento a Agentes y Espacios Culturales que desarrollan actividades de mediación entre los públicos y los artistas. Ya esto supone el problema de colocar la cultura en la misma cadena de circulación de la mercancía, cuando podríamos esperar que la cultura y las diversas formas artísticas emanadas de la comunidad no tengan necesariamente el destino de ser “consumidas”, es decir, agotadas en su representación, sino que más bien, se dispongan como un mecanismo crítico puesto en circulación constante.

Sin embargo, muchas de las iniciativas e instancias que privilegian la formación de Gestores o Mediadores, han puesto el énfasis en el estudio sociológico de las audiencias, como es el caso del Diplomado en Mediación Cultural y desarrollo de públicos de la Universidad de Chile (ICEI), más ligado a formas institucionalizadas de quehacer artístico. Me parece que aún queda en deuda, la formación, la investigación y la consolidación de metodologías prácticas y operativas que consideren a la comunidad como un agente activo y participativo de dichas iniciativas, instancias y decisiones relativas al hacer cultural desde la emergencia de un concepto propio y fortalecido de comunidad como una trama relacional epistemológicamente distintiva del concepto objetivo de “audiencia” o “públicos”. Pensemos que ya el hecho de hablar de “mediación” o “intermediación” supone la idea de que un alguien, un agente, tiene que funcionar como un intersticio entre el mundo de los receptores y el de la obra y los creadores. El arte en la comunidad, supone salvaguardada tal diferencia pues creadores y destinatarios forman parte de un mismo proceso recursivo de cambio y transformación social. Propongo entonces, que podamos considerar como una alternativa a la visión institucionalizada de la mediación o la intermediación, la de prácticas artísticas comunitarias para la transformación social.

Por Pedro Salinas
Psicólogo  y Dr(c) en Filosofía, Estética y Teoría del Arte
Universidad de Chile
pjsalinas@ug.uchile.cl

[1] GARCÍA CANCLINI, N. (1987): Políticas culturales en América Latina, México, D.F., Grijalbo

[2] BOURRIAUD, Nicolás (2007). Estéticas Relacionales. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.

[3] MARTINELL, Alfons. “Los agentes culturales ante los nuevos retos de la gestión cultural”. Revista Iberoamericana de Educación. 1999, Nº 20

[4] ARNHEIM, Rudolf (1986). Hacia una psicología del arte : Arte y entropía. (ensayo sobre el desorden y el orden). Madrid: Alianza.

[5] BORJA, Jordi & MUXÍ, Zaida (2003). El espacio público: ciudad y ciudadanía. Electa: Milán.

[6] Mediación cultural y artística. Documento elaborado por el Consejo Nacional de la Cultura y de las Artes.