Formas de lo inconsciente:

 “Los arquetipos son dinámicos, son imágenes instintivas, no inventadas por el intelecto. Siempre están ahí, y producen ciertos procesos en lo inconsciente que uno perfectamente podría comparar a los mitos. Es el origen de la mitología. La mitología es una dramatización de las constelaciones de imágenes que formulan la vida de los arquetipos. Los fundamentos de todas las religiones, de muchos poetas y así sucesivamente son fundamentos del proceso mitológico interno, algo necesario porque el Ser Humano no esta completo si no es consciente de este aspecto de las cosas…” (Aludir  a los arquetipos en el sentido de protoformas energéticas que dotan de cierta estructura al psiquismo).

(Carl G. Jung “Cuarta entrevista en Houston” en EVANS, Richard. “Conversaciones con Jung”. Guadarrama, Madrid, 1968).

NOTA 1:

Existen muchas interpretaciones respecto de lo que Jung considera como ARQUETIPO. Muchas de ellas resultan concepciones parciales que no siempre representan lo que Jung entendía por dicho concepto cuyo rasgo principal a diferencia de Platón que los concibe como “ideas primordiales”, es ser ENERGÍA .

Para Jung, el arquetipo es un esquema de conducta innato que se expresa en forma de imágenes arquetípicas. Pero la imagen arquetípica no constituye el arquetipo en sí. Cuando Jung se refiere a las “condiciones estructurales inmutables del inconsciente”, alude a lo que considera los elementos constitutivos de las psique, los arquetipos, expresados en ocasiones particulares de la actividad onírica, pero también propios del relato mítico, donde tanto Jung como Eliade, aportan un examen oportuno de la estructura del símbolo y de su vinculación con el mito[1] .

Para Eliade, por ejemplo, imágenes, símbolos y mitos, “no son creaciones irresponsable de la psiquis, (pues) responden a una necesidad y llenan un función: dejar al desnudo las modalidades más secretas del ser”[2] y a partir de su análisis de los símbolos, articulados dinámicamente en la estructura semiótica del mito, sostiene que aquellos logran revelar ciertos aspectos profundos de la realidad, los que desafían al conocimiento racional, resultando el pensamiento de orden simbólico consubstancial al ser humano, precediendo al lenguaje y la razón discursiva. En este caso, las imágenes y los símbolos, ayudan al ser humano recuperar la condición de paradisíaca de hombre primordial, el que se revela como arquetipo (de repetición o sagrado), imposible de alcanzar en ninguna existencia humana: “Al escaparse de la historicidad, el hombre no abdica en su cualidad de humano, sino que vuelve a encontrar el lenguaje,  y a veces la experiencia de un “paraíso perdido”[3]



[1] Guberman, M. Símbolo y psicoterapia. Buenos Aires, Paidós, 2002.

[2] Eliade, M., Imágenes y símbolos, Madrid, Taurus, 1965, p.12.

[3] Op.cit., p.13.

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NOTA 2:

Veamos el ejemplo del arquetipo del Edipo (del incesto):

“Edipo le proporciona a usted un excelente ejemplo de la conducta de un arquetipo. Siempre se trata de una situación global. Hay una madre; hay un padre; hay un hijo; existe toda una historia de cómo se desarrolla una situación así y a qué fin conduce. Eso es un arquetipo”

(Jung en Evans 1968, pág. 60).

Jung señala en otra ocasión que los arquetipos ”son formas típicas de conducta que, cuando llegan a ser conscientes, se manifiestan como representaciones, al igual que todo lo que llega a ser contenido de conciencia” (Jung 1970, pág. 173) De esta afirmación se deducen varias características del arquetipo : Primero, el arquetipo es una forma inconsciente, es decir, de alguna manera, una forma vacía : “El arquetipo es un elemento formal, en sí vacío, que no es sino una facultas praeformandi , una posibilidad dada a priori de la forma de la representación” (Ibíd., pág. 74) Segundo, como forma innata, pertenece al ámbito de los instintos: “Podríase asimismo llamarlo intuición del instinto en sí mismo o autorretrato del instinto…” (Jung 1982, pág, 159), sería algo así como el factor psíquico del instinto. Tercero, los arquetipos no son representaciones heredadas, pensar lo contrario ha sido la base de una crítica contundente que se le ha hecho a la teoría junguiana: “No afirmo con esto, en modo alguno, la herencia de las representaciones, sino solamente de la posibilidad de la representación cosa que es muy distinta” (Jung 1992, pág. 83), es decir, lo que Jung afirma es la herencia de las formas que pueden servir de base para determinadas representaciones. Cuarto, el arquetipo es una forma vacía que es “llenada”, por un lado, con la representación, y por otro, con libido: “Así, estas imágenes nos las hemos de figurar como exentas de contenido y, por ende, inconscientes. El contenido, la influencia y el estado consciente no lo alcanzan sino luego, al tropezar con hechos empíricos que, al dar en la predisposición inconsciente, le infunden vida.” (Jung 1950, Pág., 156).

En conclusión, los arquetipos “Son en cierto sentido los sedimentos de todas las experiencias de la serie de antepasados, pero no son estas experiencias mismas” (Ibid, pág, 156)

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Entonces, si se considera que los arquetipos son más bien disposiciones psíquicas heredadas y no las representaciones de tales disposiciones, se hace necesario considerar que lo que entendemos por ‘arquetipo’ es irrepresentable, pero tiene efectos merced los cuales son posibles sus manifestaciones, las representaciones arquetípicas” (Jung 1970).

Es por ello que referido al símbolo, Jung se refiere a expresión simbólica y no al símbolo propiamente tal, por lo que el arquetipo, como señalé, uno de los conceptos más mal interpretados en su teoría a partir de lo que Freud denominó “restos arcaicos”. En relación con la perspectiva simbólica y mítica de Eliade que considera ciertos motivos o imágenes mitológicas determinadas, Jung se muestra cauto “por que de ser así, no serían más que representaciones conscientes” (Jung, 1962). El arquetipo, se constituye entonces, como energía psíquica pura, carente de forma que se expresa en una tendencia a configurar tales representaciones (imágenes arquetípicas), pero que no constituyen la imagen en sí (Jung, 1961). Los arquetipos, en este caso, están imantados de su propia iniciativa y su energía específica y se pueden encontrar en las manifestaciones de un inconsciente que transciende lo individual: el inconsciente colectivo. Allí yace entonces, la imposibilidad de su representación.

Es entonces, sostiene Jung,  “[el alma] la que crea símbolos cuya base es el arquetipo inconsciente, y cuya figura aparente proviene de las representaciones adquiridas por la conciencia” (Jung 1962, pág. 245). Ahora bien, si queremos responder a la pregunta de qué es un símbolo, debiéramos decir que es la denominación del momento en el cual el arquetipo obtiene una representación consciente.

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JUNG, CARL:

-”Arquetipos e Inconsciente Colectivo”. Paidós, Buenos Aires, 1970.

-“Energética Psíquica y Esencia del Sueño”. Paidós, Buenos Aires,1982.

-“Lo Inconsciente. En la Vida Psíquica Normal y Patológica”. Losada, 9° edición, Buenos Aires, 1992.

- “El Yo y el Inconsciente”. Luis Miracle, 2° edición, Barcelona, 1950a.

-“Símbolos de Transformación”. Paidós, 2° edición, Buenos Aires, 1962.

- <<The structure and the dynamics of the psyche>>, en Collected Works, Vol. 8, p.325, Princeton, NJ, Princeton University Press, 1961.