Fenomenología y Terapia Gestalt, de Muller – Granzotto, M., año 2010

Editorial  Cuatro Vientos

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Por Pedro Salinas Quintana*

Durante décadas se le criticó a la llamada corriente ‘humanista-existencial’ la falta de un campo teórico consistente que abordara, a modo de ejemplo, la verticalidad de los niveles de análisis propuestos por Coddou, desde el estrato puramente técnico – lugar donde las diversas corrientes encontrarían eventualmente su punto de convergencia, – a una dimensión epistémica, en la que implícitamente, se demarca una ontología particular para cada escuela (1).
Así, el libro de Marcos y Rosane Müller-Granzotto, viene a reivindicar y revitalizar a la Terapia Gestalt (TG)como un campo teórico consistente y complejo saldando, en buena parte, una deuda pendiente de Fritz Perls para con los seguidores de la terapia gestáltica: el proyecto inacabado de una ‘filosofía de la gestalt’ deslindada, ahora, de la usual categorización como terapia de corte “fenomenológico-existencial” que por años  ha operado, más bien, como un lugar común, que como parte de un cuerpo conceptual intencionado sobre la base de la experiencia clínica y la vivencia de la neurosis.

En este sentido, el fascinante entramado teórico que los autores articulan – ya a partir de la primera parte del libro (“Lectura fenomenológica de la clínica gestáltica”) – entre la Gestalt Terapia de Perls, Hefferline y Goodman(2) y la fenomenología de Husserl, la intencionalidad de Brentano, el Dasein heideggeriano, el existencialismo de Sartre y el grupo de Frankfort (Wertheimer, Koffka y Köhler), nos termina por revelar el verdadero alcance del proyecto inacabado del ‘Padre’ de la TG:

“¿[S]erá que no existe posibilidad de una orientación óntica donde el Dasein – hecho y medio de nuestra existencia – se manifieste comprensible sin explicaciones?”. O luego refiriéndose a Sartre: “¿[s]erá que no existe una] forma de ver el mundo por medio de la intencionalidad de algún concepto, pero donde podamos entender la intencionalidad de ese conceptualizar?”. En relación al dualismo ontológico recalcitrante del discurso de Binswanger, Perls dice: “¿[será que no existe una] perspectiva donde quedemos satisfechos al considerar una abstracción como la figura total – donde, por ejemplo el aspecto físico sea tomado como todo lo que hay”?. A lo que Perls responde: “En realidad existe”. Se trata de un enfoque que, si bien, esta en sintonía con las principales discusiones teóricas del siglo XX, jamás reclamó el estatus de filosofía: “la psicología de la Gestalt. ¡Gestalt! Cómo puedo hacer entender que Gestalt no es sólo un concepto mas inventado por el hombre? ¿Cómo puedo decir que Gestalt es – y no sólo para la psicología – algo inherente a la naturaleza?” (Perls, 1969, p.78-9, citado en Müller- Granzotto, 2009, p.4-5)»

Y si bien, la lectura de este libro requiere de un cierto background filosófico mínimo dadas las citas frecuentes, además de los autores mencionados, de otros autores de peso en el  campo de la fenomenología como Husserl, Merlau-Ponty o su coterráneo mas contemporáneo, Derrida, esto, más que una dificultad, debiera resultar sobretodo para los lectores destinatarios psicólogos y psiquiatras, la oportunidad de retomar el vínculo con la filosofía y la tradición fenomenológica desde la perspectiva del ámbito clínico-terapéutico.

De este modo, en la Parte I, ‘Lectura fenomenológica de la clínica gestáltica’, los autores acuden a las bases del concepto de Gestalt, con Brentano y Goldstein, quien pese a no ser miembro de ningún linaje filosófico, incidió decididamente al igual que Brentano, en el pensamiento de Perls y Goodman, al poner en consideración la‘intencionalidad organísmica’, base de la naturaleza neurofisiológica autoorganizada, en un discurso psicológico, más no psicologicista.

Así es que, elucidar el sentido fenomenológico de la tesis de Goldstein, se nos revela como el motor inicial de PHG para conformar una ‘Filosofía de la Gestalt’. El resultado de la empresa, incitará en más de alguno, una extraña o paradójica sensación de estar leyendo en muchos pasajes re-conocidos de la TG, una nueva y originaria teoría fenomenológica de la Gestalt, tal como lo reconocen sus autores:

“La trayectoria establecida por nuestra investigación, no coincide con el modo habitual según el cual la comunidad de terapeutas gestálticos reconoce el vinculo entre la fenomenología y la TG” (cfr. p.9-10).

Ahora, el (sistema) self que sale del ámbito puramente psicológico y se abre al ámbito fenoménico, es entendido como un proceso temporal y no como una entidad psicofísica (Goodman), encontrando puntos de contacto posteriores con la ‘carnalidad’ merlaupontyana. En los capítulos venideros, emergerá la propuesta de una fenomenología del awareness (cfr. p.48), vinculada aunque diferenciada conceptualmente, con el ‘campo de presencia’ y la ‘conciencia trascendental’ de Husserl, pero considerando un punto de partida que a los seguidores de la gestalt podría sorprender: la revaloración inicial de Perls (1942) de la metapsicología freudiana, presa según Perls, de lo que consideró una de las omisiones fundamentales de Freud: la inalienabilidad de las pulsiones, en la vinculación de éstas, desde un pasado remoto, con el mundo presente.

Es de destacar también, como los autores, invocan permanentemente al trazado evolutivo del pensamiento de Perls, desde su época como psicoanalista, no excluyendo la influencia, aún cuando sea por discrepancia, de la elaboración teórica freudiana de la neurosis, quedando, por momentos, la interrogante de hasta qué punto, Perls no efectuó, aun cuando parcialmente, una suerte de ‘deconstrucción teórica’ de algunos de los supuestos centrales del psicoanálisis, como por ejemplo, con la posterior insustancialidad del ego o con la ‘ conceptual de la neurosis y  el síntoma psicoanalítico. Mas que mal, en ambos, se puede reconocer un origen común: Franz Brentano y la intencionalidad de la conciencia.

Finalmente,  los Müller-Granzotto, darán cuenta de cómo el cuerpo de la clínica gestáltica, se completará con la lectura que Goodman hace de Perls en Gestalt Therapy (1951), donde se produce el retorno sintético a la fenomenología de Husserl y la neurofisiología de Goldstein. En el camino, quedarán  la reconocida figura-fondo de Rubin (1908), Wertheimer, Koffka y Köhler (Frankfurt, 1912), Husserl (1913), Salomon Friendlander (1918) y Lore Posner, entre otros (cfr p.42).

En la parte II, ‘Clínica gestáltica de los Ajustes Neuróticos’, surge la idea del desajuste neurótico como: “ocurrencias creativas por medio de las cuales podemos ampliar nuestro concepto de salud, (donde), también es cierto que en tales comportamientos se puede suponer algo que no funciona o que no tiene sentido, que no expresa un sentido de totalidad” (p.116).

Para PHG, existen tres modos fundamentales de configuración de aquello que “no tiene sentido”, siendo la psicosis la primera forma de ajuste disfuncional con el ambiente del sistema self. Ego, Id y Personalidad, se conforman como la base conceptual, además del self, que explicarían, en su dinámica peculiar, los (des)ajustes neuróticos a partir de la reformulación de la teoría freudiana de la represión:

«A diferencia de Freud, PHG no creen que se pueda encontrar un contenido específico capaz de explicar  de manera universal el nacimiento y las formas de manifestación de la neurosis. Si bien reconocen que una de las aportaciones mas importantes de Freud, se refiere a la doble naturaleza del síntoma neurótico: el síntoma es tanto una expresión de vitalidad, como una ‘defensa’ contra la vitalidad […] (PHG, 1951, p.76), no creen que esa ambivalencia, sea consecuencia de las transformaciones sufridas por nuestras excitaciones espontáneas o, en términos freudianos, por nuestras pulsiones» (p.123).

Este segundo capítulo, el más propiamente “clínico” de todos, quizás pueda defraudar a quien busque nuevas reformulaciones técnicas de la TG, pero es que el nivel de intervención técnica del ámbito psicoterapéutico, nunca se ha planteado como foco central del texto. Este, es un libro esencialmente de teoría y de teoría fuertemente filosófico-fenomenológica (destaca en esta sección la inserción del pensamiento de Merlau-Ponty en su vinculo con las ideas de PHG), donde queda la tarea pendiente para el lector de llevar dichas implicancias a una reformulación de la clínica en sus aspectos técnicos. Sin embargo, conceptos como el contrato terapéutico, el diagnóstico, el alta, etc., son considerados de forma coherente, así como también, el êthos  de la  intervención clínica (cfr. p.153), pero con la letra ‘eta’ inicial y originaria, a diferencia de un éthos  – con épsilon, en su sentido usualmente aceptado en filosofía práctica – como un ‘modo de ser’, o una actitud ante lo otros, ante sí, o el mundo.
En el capitulo 7 de la segunda parte, también podrá encontrar ‘Un estilo gestáltico de intervención clínica en los ajustes neuróticos’, donde los autores hacen ver que “no son pocos los que consideran que tal enfoque clínico (el de la TG), es una colección de técnicas útiles para la práctica psicoterapéutica concebida a partir de otro referente teórico, dado que la TG carecería de uno propio” (p.187).

Es aquí donde, quizás, surge el más importante aporte de los autores para el ámbito de la terapia y uno de mayores desafíos para los autodenominados ‘terapeutas gestálticos’: aún cuando, en la historia de la TG, no hay ningún tipo de recomendación respecto de cuales técnicas usar o evitar, se hace necesaria la asimilación de la experiencia clínica como una ‘experiencia de campo’, en que se constituye un sistema self  y, si bien la espontaneidad es el principal rasgo del sistema, ello no implica que en la formación en TG se pueda prescindir de un fondo teórico, filosófico y fenomenológico sólido, a fin de no quedar recluido en un nivel técnico, donde cierta literatura es abundante y donde se suele mostrar en forma casi mítica a un Perls en su carácter extravagante, misterioso y anecdótico, como el de una especie de ‘mago improvisador’, el que de sobra podría estar justificado, pero en el ámbito de terapia espontaneidad, nunca ha sido sinónimo de improvisación y esto debería resultar un aprendizaje esencial, sobre todo para los terapeutas jóvenes que se están formando.

La parte III del libro, compuesto por dos apéndices,  fiel a una estética gestáltica, es una especie de racconto, donde los autores se plantean la ‘Génesis y construcción de los conceptos gestálticos’,  en lo que definen como una tarea“difícil, pero imprescindible”: caracterizar las bases teóricas a partir de las cuales, en los años ‘40, Frederick Perls se propuso elaborar una clínica gestáltica como alternativa a aquello que él juzgaba como censurable en la práctica clínica y en las elaboraciones teóricas del psicoanálisis. (Cfr. p. 235).

Inicialmente, esto puede parecer un movimiento circular inexplicable a la parte primera del libro, pero ahora, para comprender las objeciones de Perls a la metapsicología freudiana, los autores recurren a la historia de las ideas, partiendo de un “retorno a la teoría de la intencionalidad de Brentano, a los proyectos fenomenológicos de Husserl y a los desarrollos de esos proyectos en las dos generaciones de investigadores de la Gestalttheorie” (p.239), sin embargo, no temen  ir incluso más atrás, citando a Tomas de Aquino (1126) en incluso a Aristóteles  en ‘De Anima’ a fin de configurar una teoría de la intencionalidad, como antecedente de una psicología descriptiva (Brentano) y de una  fenomenología como psicología eidética (Husserl).

En el apéndice 2, ‘Fenomenología como idealismo trascendental y la segunda generación de la Psicología de la Gestalt’, los Müller-Granzotto, esbozan los desencuentros de Husserl con la Gestalttheorie emanada del grupo de Frankfort, por cuanto Husserl consideró aberrante la forma en como se prescindió de la forma propiamente intencional de los objetos y en particular de la concepción husserliana de las esencias como un campo trascendental (entendido como campo de posibilidades temporales), lo que años después traería como consecuencia para la psicología social la conformación de la conocida ‘Teoría de campo’ por parte de Kurt Lewin, a partir de la reconsideración de algunas ideas de Koffka.

Es en este reconsiderar el ‘desde’ y ‘hacia’ de la historia, donde los autores terminan por delinear los vasos comunicantes entre la fenomenología de Husserl y la TG, contraviniendo la ya usual, pero inexplicable obliteración que la formación actual en psicología ha hecho del linaje fenomenológico ¿Significa entonces, que éste es un texto de fenomenología para psicólogos? En buena parte sí lo es, pero  un texto que, dada la ausencia de pretensión normativa en su discurso, logra sin embargo, mostrarnos, irónicamente, la necesidad para la pervivencia del pensamiento y la clínica psicoterapéutica actual, del diálogo de la psicología y en particular de los terapeutas con la filosofía, donde en esta ocasión, una parte de la tradición fenomenológica, se ha hecho de la palabra para mostrar su vigencia, originalidad y necesidad  de ser revisitadas.

1. A modo de resumen, allí se sostiene que todo enfoque, en el desarrollo integral de su concepción lleva involucrado diversos niveles jerárquicos conceptuales: el nivel epistemológico, el de paradigma, el de teoría, el de modelo intermedio y el técnico. A partir del primer nivel es posible establecer diferencias con relación a la consideración de lo que se entiende por realidad, lugar donde se pueden encontrar divergencias, aún dentro de un mismo enfoque, como el caso del pensamiento sistémico en psicología y psicoterapia. (Cfr. Coddou, F. en Opazo, R. (ed), 1992.Psicoterapia Integrativa. Santiago: Cecidep).
2. En Adelante, PHG.

*Pedro Salinas Quintana esPsicólogo Clínico, Licenciado en Psicología. Dr© en Filosofía, mención Estética y Teoría del Arte, Universidad de Chile. Coordinador del Círculo de Estudios en Pensamiento, Arte y Cultura Contemporánea (CEPAC-C). Escuela de Artes, Universidad de Chile. Becario Proyecto Mecesup UCH/0705.